De un tiempo acá, me vengo cuestionando cuál es el motivo por el cuál entró en vigor el plan Bolonia en España. No me refiero a que se acordara en el Parlamento Europeo, me preocupa el de verdad. Imagino que José Ignacio Wert, el último ministro de Educación, haría cuentas cuando quiso reducir la duración de las carreras universitarias de cuatro años, a tres. Y es que claro, la solución pasaba por la privatización de no sólo un año de máster, el famoso 4+1, si no por hacer el 3+2, asumiendo el Estado, tan sólo la primera parte de la enseñanza, quedando la segunda, al bolsillo particular. No hay que ser un lince para darse cuenta de que la proporción oferta/demanda, básica en cualquier mercado, es claramente superior por la izquierda que por la derecha, con lo cual, somos una fábrica de parados. Evidentemente formar a tus ciudadanos con conocimientos superiores para que engrosen las listas del paro, pues no, no es rentable. Pero claro, hacer aún más exclusiva la educación, tampoco creo que lo sea.

Aunque, ¿sabéis para quién sí que creo que es rentable? Para nuestros amigos europeos. ¡Claro! Ellos tienen medios propios para formar a sus ciudadanos y, en caso de que necesiten más, o los quieran mejores, simplemente, vienen, y los cogen. Así de simple. Somos útiles en la Unión Europea, no sólo servimos como país turístico en el que gastarse sueldos superiores, también somos cantera de talentos, como los pequeños equipos locales.

Hablando de fútbol, supongo que seguirá en el recuerdo colectivo el enfado del futbolista del Real Madrid, Cristiano Ronaldo, tres estíos atrás, cuando advertía que dejaba de ser el fichaje más caro de la historia. Era otro jugador blanco, un escocés ahora, Gareth Bale, el que dejaba atrás los 96 millones de euros pagados por el portugués, para poner la marca en los actuales 101. Anteriores a estos dos, el presente entrenador francés de dicho equipo, Zinedine Zidane, también tuvo el dudoso honor de poseer este disparatado récord con 75 millones. Moviendo los hilos tras todo estos pelotazos, un empresario español: Florentino Pérez, quien en apenas 15 años y tan sólo haciéndose con los derechos de tres futbolistas, gastó 272 millones, poco más de 5 veces lo que costaron en 2011 las obras de un macro complejo para el CSIC en Alcalá de Henares: 50 millones. Complejo que evidentemente se encuentra cerrado por falta de inversión. Porque en España no hay dinero, y mucho menos para ciencia, faltaría más.

Aún recuerdo cuando cursaba sexto curso de la educación primaria y pregunté al hermano Francisco, por aquel entonces mi tutor, por qué en España no teníamos nóbeles en Ciencias, no habiendo ningún apellido español en todos los nombres que empezaban a enseñarme: Newton, Pascal, Darwin, Curie, Einstein, Edison, etc. Él, como quien paga el mal humor de toda la jornada con el primero que se aventura a preguntar que qué tal el día, duramente, me respondió: “En España fichamos futbolistas, en los EE. UU., genios”. Y así, digiriendo esa certeza, más por la reputación del mensajero, que por entender su envergadura, acude este episodio, guardado durante tanto tiempo, para ahora, barba en la cara, primeros callos en las manos y los ideales de la juventud aún vivos, comprender, que la sequedad con la que me contestó aquel día mi estimado profesor, era, en realidad, la impotencia de quien sabe una cultura derrotada.

¡Ah, por cierto! Florentino: modelo español de hombre triunfador. Cualquier titulado universitario: nombre anónimo en una lista de pasajeros exiliados.

 

Publicado en Diario Jaén